Carlos Prats García, el veterinario que explica cómo detectar el dolor en nuestras mascotas antes de que sea grave

Perros y gatos conviven con nosotros, comparten rutinas y forman parte de la familia, pero cuando sienten dolor rara vez lo expresan de forma clara. Esa dificultad para identificar el malestar es uno de los principales motivos por los que muchas patologías se diagnostican tarde. Así lo explica Carlos Prats García, veterinario, que insiste en la importancia de aprender a observar los pequeños cambios antes de que el problema se agrave.

El dolor silencioso: una realidad frecuente en animales

A diferencia de los humanos, los animales no verbalizan lo que sienten. Para Carlos Prats García, este es uno de los mayores retos en la práctica veterinaria diaria.

“Muchos animales continúan comiendo, caminando e incluso jugando pese a sentir dolor. Eso no significa que estén bien”, explica. En numerosos casos, el dolor avanza de forma progresiva y se normaliza sin que los tutores sean conscientes de ello.

Cuando la personalidad cambia, algo no va bien

Uno de los primeros indicadores de dolor suele ser un cambio en la actitud del animal. Según Carlos Prats García, señales como la apatía, el aislamiento o la irritabilidad no deben interpretarse como simples “malos días”.

Algunos animales se vuelven más tranquilos de lo habitual, otros reaccionan con gruñidos o evitan el contacto físico. “El carácter no cambia sin motivo. El dolor es una de las causas más comunes detrás de estas alteraciones”, señala el veterinario.

El cuerpo también da pistas

Más allá del comportamiento, existen señales físicas que pueden alertar de un problema:

  • Movimientos más lentos o rígidos
  • Dificultad para levantarse o tumbarse
  • Posturas extrañas al descansar
  • Lamido constante de una zona concreta
  • Respiración agitada sin esfuerzo previo

Carlos Prats García subraya que en los gatos estas señales suelen ser aún más sutiles. “Un gato con dolor puede simplemente dejar de saltar a lugares habituales o cambiar su forma de descansar”, explica.

Comer, moverse y jugar: hábitos que no deben cambiar

El veterinario destaca la importancia de observar las rutinas diarias. Cambios en el apetito, en el uso del arenero o en las ganas de salir a pasear pueden ser indicativos de dolor.

“Muchas personas piensan que es normal que un animal mayor se mueva menos, pero en muchos casos no es edad, es dolor”, advierte Carlos Prats García. El dolor crónico, especialmente el articular, suele pasar desapercibido durante años.

Detectar a tiempo es mejorar la calidad de vida

Para Carlos Prats García, identificar el dolor en fases tempranas permite aplicar tratamientos menos invasivos y mejorar significativamente el bienestar del animal.

“El dolor no tratado afecta al estado físico y emocional. Un animal con dolor vive con estrés constante”, explica. Por ello, recomienda acudir al veterinario ante cualquier cambio, aunque parezca leve.

Aprender a observar, la clave del cuidado responsable

El mensaje final de Carlos Prats García es claro: convivir con animales implica observarlos más allá de lo evidente. Detectar el dolor no es cuestión de intuición, sino de atención.

“Nuestros animales nos hablan todos los días, solo hay que aprender a interpretar su lenguaje”, concluye el veterinario.

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